Revista Calidad Uruguay:

Asociación de ANCAP en Gasur es un buen ejemplo a seguir

01/09/2003

Gasur se formó en 1998, está conformada por dos empresas privadas y una pública: Riogas, Acodike y ANCAP. Surgió con el objetivo, establecido claramente en sus estatutos, de distribuir gas propano a granel y, por lo tanto, es una empresa energética que brinda un servicio a los usuarios -que son empresas industriales, comerciales y agropecuarias-. Suministra ese insumo energético refinado por ANCAP, de calidad y de bajo costo, y al mismo tiempo el servicio que presta Gasur consiste en definir un proyecto a la medida de cada cliente, que incluye no sólo el producto sino al mismo tiempo las instalaciones en infraestructura para el abastecimiento del mismo. Son inversiones que realiza Gasur y que entrega a los usuarios en régimen de comodato. Al mismo tiempo de establecer ese proyecto a medida, define y proyecta los costos de cada situación.

Gasur tiene una conformación muy especial al ser dos organizaciones privadas y una estatal. ¿Cómo se instrumentó esta asociación?

Sin duda es un buen modelo de asociación que implica una integración de capital mixto donde participa el Estado con el 40%, a través de ANCAP, y el sector privado, a través de estas dos empresas, con el 60% restante 30% cada una. Tiene un modelo de gerenciamiento que en los hechos ha funcionado muy adecuadamente porque el gerenciamiento es compartido entre los tres socios; en este momento soy el presidente en representación de ANCAP, ya que los estatutos establecen la rotación de la Presidencia del Directorio y creo que eso ha posibilitado los buenos resultados que hemos obtenido. Para ANCAP ha sido satisfactorio desde dos puntos de vista: por los resultados económicos obtenidos, porque Gasur es una empresa que ha reportado ganancias el año pasado arrojó utilidades por un millón de dólares y, al mismo tiempo, para ANCAP es muy importante la experiencia porque hemos visto que esto ha permitido darle a los clientes, al sector productivo, al sector industrial, al comercio, una alternativa energética que ha implicado menores precios con mayor calidad, como lo demuestra el proceso de certificación que se llevó a cabo.

¿Porqué surge esta asociación con el sector privado?; ¿ANCAP no lo podría haber hecho por su cuenta?

Sí, podría haberlo hecho, pero si así hubiese actuado habría desconocido una realidad importante en nuestro mercado y en particular en el mercado del gas licuado: desde hace 25 años Acodike y Riogás son las empresas que históricamente vienen cumpliendo el servicio de distribución minorista con todo éxito. De tal forma, parecía conveniente asociarse con ellos que han desarrollado el mismo mercado pero a nivel domiciliario y por lo tanto tienen el know how, que han desarrollado procesos de calidad en la gestión y los hechos han demostrado que esos activos que han conformado a lo largo de los años hoy están puestos al servicio de Gasur.

¿Cómo ha sido la convivencia entre el Estado y los privados cuando se trata de un negocio aparentemente tan redituable como el gas licuado?

Sin ninguna duda es excelente. Es un buen modelo, es un buen ejemplo a seguir porque ha permitido la complementación; habernos integrado a una asociación de estas características con un 40% permitió que nuestro aporte de capital inicial fuera menor y que pudiéramos participar en una proporción importante de las utilidades.

Pero más allá del resultado económico específico, para una empresa como ANCAP que factura alrededor de U$S 700 millones por año, la significación económica es relativa, importa más la visión como empresa energética estatal que es ANCAPal poder impulsar el desarrollo de una alternativa energética complementaria de los combustibles líquidos y del gas natural, que notoriamente es la novedad de los últimos años.

El gas natural ya está en el país, ¿no es más una competencia que una alternativa?

Yo creo que el error que se comete a veces al abordar las cuestiones energéticas es plantearse las distintas modalidades y fuentes energéticas en términos de exclusión y no en términos de complementación.

Creo que la propia debilidad y pequeñez de nuestro país determina que el Uruguay no pueda amputarse ninguna de las posibilidades energéticas que hoy nos ofrece la realidad y en este sentido, si bien el gas natural es la mejor noticia energética de los últimos años, también es verdad que ninguna fuente energética es lo suficientemente omnipresente como para solucionar todos los problemas y desafíos energéticos que tiene el Uruguay. Y son desafíos muy grandes porque nuestro país depende en un 60% de una materia prima que no tiene (el petróleo) y además tenemos problemas intrínsecos que sobrevienen de nuestra propia pequeñez, de nuestro bajo consumo per cápita.

El consumo per cápita de energía del Uruguay es de los más bajos del mundo, mucho más bajo que el resto de la región y eso habla de nuestra propia debilidad. La dependencia está pautada por la circunstancia que consumimos fuentes energéticas que no tenemos, no sólo el petróleo, tampoco el gas natural que importamos de la Argentina.

Hoy nuestro mercado proveedor está en una situación bastante convulsionada porque han congelado los precios del gas natural a nivel interno y ha dolarizado los precios de la exportación, lo cual al Uruguay le provoca dificultades y esto está abriendo signos de interrogación en la Argentina con relación a perspectivas en lo que hace a la inversión en la producción de gas y, por lo tanto, con relación a la normalidad del suministro en el mediano y largo plazo, si esto no se corrige en el corto plazo.

Eso confirma que el país tiene que tener variantes, tiene que tener alternativas, tiene que apostar a sistemas de respaldo en materia energética, tiene que apostar en este caso a la presencia, por ejemplo, de quemadores duales en las empresas, en sistemas de aire propanado.

En ese sentido Gasur y el gas propano es una alternativa en aquellas regiomes donde el gas natural no está. Todos sabemos que en las zonas más alejadas del Gasoducto del Sur el gas no está, hay hasta en esto una cuestión de equidad.

Esto que usted viene explicando conlleva a pensar que el Uruguay nunca ha definido una política en materia energética.

Sin duda. No hemos tenido, no digo una política, me hubiera conformado con hablar de líneas de acción que se prolongaran en el tiempo, porque ya a esta altura hablar de política energética parece demasiado ambicioso, pero tampoco esas definiciones básicas hemos tenido y, de hecho, lo que ha suplido la falta de una política energética son las propias decisiones de las empresas de energía - ANCAP, UTE y la CTM de Salto Grande - y determinadas decisiones que el Estado fue adoptando como la construcción de gasoductos.

Es decir, por la vía de los hechos se ha ido marcando un derrotero pero no necesariamente ese derrotero energético ha sido el que al país más le habría servido. Distinto sería si se hubiera analizado previamente y se hubiera alcanzado un consenso a nivel del sistema político y de la sociedad.

No se ha planificado a largo plazo y creo que el país tiene desafíos importantes en términos de integración energética y en términos de diversificación de su matriz energética, como lo señalamos antes, y creo que es insoslayable pensar que nuestra debilidad pasa por el 60% de la dependencia petrolera y pasa también porque ya no hay más capacidad de generación de energía hidráulica, porque la capacidad de nuestros ríos está prácticamente agotada y todo eso conforma una parte del mismo análisis.

Evidentemente el país debe desarrollar imperiosamente todos los subsectores de la energía y creo que hemos cometido el error de creer que con la llegada del gas natural se solucionaban todos nuestros problemas.

Reforzando la visión que Ud. plantea, hay hechos en organismos que tienen que ver con el tema energético o incluso en otros organismos estatales que no tienen que ver con la energía, donde se han desarrollado ciertas políticas de calidad, en base a impulsos corporativos de cada ente o personales de algún directivo o alguna gerencia, pero se nota que tampoco hay una política de calidad a nivel de Estado. La pregunta es: ¿hasta qué punto a uds. los ha beneficiado tenerlas certificaciones y llevar una política de calidad y por qué no es posible hacerla a nivel del Estado en general?

Sin duda tenemos carencias en esa materia, que están vinculadas al funcionamiento institucional, vinculada con la ausencia o carencia de políticas que con este panorama que hemos descripto anteriormente nunca nos podríamos haber dado el lujo de esperar nueve meses para saber si habrá o nó Ministerio de Industria o se fusiona o nó con el de Turismo. Ahora, después de ocho meses, parece que se ha resuelto que el país necesita un Ministerio de Energía y que a la energía hay que darle el rango ministerial porque sin duda es un tema de Estado.

 

Tuvimos seis meses para constituir la Comisión Coordinadora de la Energía que prevee la Rendición de Cuentas, incluso incumpliendo el plazo legal establecido de 180 días y nos pasamos bastante más de los seis meses para que finalmente el ministro Bordaberry la convocara y, por suerte, se ha constituido. Pero el país no puede darse esos lujos, esperar tanto tiempo cuando países con muchos más recursos energéticos que el nuestro realizan las cosas mucho antes que nosotros.

Ahora, también digo, todo no puede ser crítica y sin duda "lo perfecto es enemigo de lo bueno" y no podemos ponernos maximalistas porque siempre la realidad es bastante más compleja que la teoría. Cosas importantes se han hecho.

Estamos hablando de un buen ejemplo que es Gasur, de procesos de certificación de calidad que deberían merecer un análisis de conjunto más que esfuerzos individuales, pero los esfuerzos individuales también debemos valorarlos y en ese sentido creo que lo de Gasur es algo que vale la pena ponderar de la misma forma que la Certificación de Calidad en la operación de la Boya Petrolera o en su Terminal del Este, como así las decisiones estratégicas que han venido impulsando UTE por su lado o ANCAP por el suyo, a través de la obra de ampliación de la refinería, que es insuficiente pero que en sí misma no es mala porque implica un paso adelante.

En este subsector, muy importante a todo nivel, que es el del gas y en particular el del gas licuado, hay algunas decisiones que están pendientes de manera ciertamente incomprensible.

Hablamos de Gasur y al hacerlo referimos a la relación entre ANCAP y sus socios privados en Gasur. y con ellos hace 16 meses que tenemos pendiente de definición la renovación de los contratos de distribución de supergas a domicilio.

Sabemos que hacemos referencia allí a una actividad y a un mercado muy sensible para la mayoría de la población, sobre todo para la población de más bajos recursos e, inexplicablemente, el gobierno no toma las decisiones que tiene que tomar, condicionando de esa manera el desarrollo del sector de las garrafas de 13 kgs, pero por añadidura el propio desarrollo de Gasur.

Porque Gasur, integrada por las mismas partes y dedicada al mismo negocio, pero a granel o a escala industrial, está esperando esas definiciones para tomar sus propias definiciones estratégicas y desarrollar sus propios planes de inversión.

¿El país puede darse el lujo de estar 16 meses "parado" en esta materia mientras se discute si las garrafas tienen que tener la marca del proveedor o debe ser una garrafa genérica?

Por supuesto que no. No puede ser que por un tema tan nimio se espere tanto, cuando lo importante es que el cliente tenga la garrafa. A veces los uruguayos tenemos la tentación de querer estar siempre reinventando la rueda y en este sentido el tema que menciona, que es el de la marca de las garrafas y el de la unidad que sin duda debe haber entre envasador y distribuidor, unidad que por suerte la tenemos en el Uruguay, con excelentes resultados, no es un invento nuestro, es algo que se practica en todos los países del mundo, donde notoriamente en esta materia se ofrece un servicio de calidad.

Nosotros que lo hicimos primero, cosa que reconocen todas las asociaciones internacionales de gas licuado, hemos planteado sin embargo una gran polémica para definir un tema que se supone teníamos laudado hace 25 años, y para eso nos tomamos 16 meses.

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